lunes, octubre 23, 2006

De cocodrilos en la mirilla

A veces soy como el cocodrilo de Peter Pan, llevo un reloj dentro.

Hoy todo se mezcla en una burbuja extraña. Mamá, en alguna esquina de este recorrido, no puede dormir.Y yo no tengo más palabras que la palabra tiempo. Están los que se fueron, y aquellos que se han convertido en una huella en la pared, o en un cuadro. La ayahuasca, mi hermano, Madrid. Está el pasado que se pliega en una constelación de raíces y de rotos. La princesa de felpa que sonríe igual que antes del día del sofá, de lo intacto, eso si no le das la vuelta para dejarla dormir. Están los que permanecen, mientras las estaciones no cambian tanto como para saberse otros. La Clara pasada, presente y futura, como el fantasma de la navidad. Está Serena, la niña del parche, y lo que dejó al adoptarme, sin saberlo. Hay alguien en mi armario, que desconoce qué teclas pulsa al intuir su música en mi imagen. Fechas en rojo.

2 comentarios:

Lydia dijo...

Dudo que haya algo más bello que el surrealismo. Lo que para nosotros puede resultar extraño está tan lleno de sentido para su autor que siempre cuesta encontrar las letras adecuadas para caracterizarlo.
Por mucho que pase el tiempo hay recuerdos eternos, personas inmortales Clara. Espero que hoy pase todo lo pronto que necesites, sólo por esta tristeza que, a menudo, en días lluviosos se convierte en días de maldita lluvia.

Un abrazo fuerte, de los de verdad querida.

Alice ya no vive aquí dijo...

En ocasiones siento la necesidad de crear un nuevo calendario donde sólo exista hoy, y cada minuto que pase muera parte del día.

Y cuando llega el final, no hay día que tachar, porque lo elimino antes, decido que no existe, que no ha existido.

Porque si se me acumulan los días rojos, me afixio.

Hay demasiados recuerdos en una memoria, yo necesito poder formatearme cada cierto tiempo.

Un abrazo muy fuerte