lunes, noviembre 27, 2006

De dimes y diretes I

Si me asomo a la ventana, podría escribir constelaciones de todo lo que ha significado el recorrido hasta aquí. Entender, nunca es bastante. Decir, nunca es suficiente. Y es tan fácil perderse en un laberinto de lógicas y de elucubraciones.

¿Quién soy yo para decidir lo que falla en tu mundo?.

Si no tengo más que mi parcela de realidad. Mi porción de existencia.

Si ya me cuesta mis rotos saber, o intentar, el próximo paso. Hemos hablado, pero es cierto, no puedo saber desde qué lugar miras, o cierras los ojos. No ha habido dedo acusador, no se trata de eso. Sólo un silencio instalado, y a veces alimentado por mí. Sólo un intento de tender puentes, de digerir familia. Familia, menuda palabra, la llave y el caos en siete letras. Cuando no se sabe a ciencia cierta si es un cambio lo que se busca, porque quizá dé más miedo equilibrar los papeles.

Pero he hablado, y ahora no sé, si no estoy más confusa de lo que estaba antes. Las "cosas suceden", cierto, ¿pero cómo aprende uno a quedarse?. ¿Cómo se aprende a hacer las cosas bien?.

2 comentarios:

Antonio Mundaca dijo...

no mintiendo jamás

Alice ya no vive aquí dijo...

Cuando las cosas giran entorno a esas letras, no hay hipótesis que sirvan de algo. Uno hace lo que puede, aprende a base de meter la pata, de hablar y callar a destiempo. No hay patrones ni manuales de instrucciones a disposición de los implicados. Sólo podemos seguir intentando construir ese puente que nos permita entendernos.